Construyendo equipos

Construyendo equipos

Hacer que un equipo alcance su máximo rendimiento para conseguir las metas propuestas no es tarea fácil. Conocer y comprender en qué etapa de desarrollo se encuentra un equipo puede ayudar al líder a acelerar este proceso.

Los equipos de trabajo pasan por una primera fase de CREACIÓN. Esta fase se caracteriza por un gran nivel de estrés e inseguridad entre sus miembros. Si atendemos a la pirámide de necesidades de Maslow, cada uno de los componentes del equipo se encontrará intentando satisfacer sus necesidades de pertenencia al grupo. Son momentos de incertidumbre, de adaptación. Los más introvertidos tenderán a situarse en un segundo plano, observando, mientras que los más extrovertidos tratarán de ser aceptados por los demás a través de comportamientos más llamativos. Se trata de una fase muy poco productiva, ya que las necesidades individuales de pertenencia priman sobre cualquier otra. Los equipos con alta rotación interna se situarán a menudo en esta fase, disminuyendo su desempeño.

El comportamiento el líder será decisivo en esta primera etapa, ya que servirá de modelo. Es el momento de establecer las normas con claridad, de fijar las bases de funcionamiento interno y de ofrecer formación. El líder puede favorecer y acelerar el paso a la siguiente fase si ha desarrollado habilidades como la empatía, la comunicación directa, la confianza, así como un buen nivel de escucha y de respeto por todos y cada uno de los miembros de su equipo.

Esta primera fase da paso a la etapa de INDIVIDUALIZACIÓN. Una vez que los miembros del equipo se sienten parte del mismo, comienza la lucha interna por demostrar las capacidades individuales de cada uno de ellos. Esta fase se caracteriza por una gran competencia interna que lleva a un gran desempeño individual. Se persigue el reconocimiento de los demás, aún a costa de “pasar por encima” de algún compañero de equipo o incluso de cuestionar al líder.

Un buen líder aprovechará esta etapa para desarrollar y dar poder a cada uno de los miembros de su equipo. Retarles, hacer que vayan más allá, que potencien sus capacidades, sin sentirse por ello amenazado.

Resulta fundamental establecer con claridad los roles de cada uno de los miembros del equipo y dejar que cada uno se desarrolle personalmente, de manera que contribuyan con el logro de sus objetivos personales al logro de la meta común del equipo. De esta manera se llega a la fase de COMPROMISO, la fase de máximo rendimiento. Existe una confianza plena entre los miembros del equipo y los logros individuales son celebrados por el resto, ya que comprenden y comparten su contribución al objetivo común.

En esta fase el líder debe propiciar un equilibrio inestable en el equipo, haciendo algunos cambios, proponiendo nuevos retos, de manera que el equipo no caiga en la autocomplacencia y la relajación. Un cierto nivel de estrés que consiga potenciar la motivación de los miembros del equipo será fundamental para que se mantengan en esta fase de alto rendimiento, en la que cada uno de ellos buscará su propia autorrealización.

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