Qué gran lección de empatía

El viernes pasado coincidí en un restaurante con el cantante Dani Martín. Estaba sentado, junto a un amigo, en una mesa cercana a la mía. Observé que, durante toda la cena, varios fans se acercaron a él con la intención de saludarle o hacerse una foto.

 

Un niño de unos nueve años se acercó tímidamente a su mesa.
–          ¿Qué pasa, tío? – le preguntó Dani con una gran sonrisa
–          ¿Me firma un autógrafo, por favor? – contestó el niño
–          ¡Pues claro! ¿Cómo te llamas?
–          Manuel – contestó el niño a media voz
–          ¿De qué equipo eres, Manuel?
–          El niño sonrió y le dijo el nombre de su equipo favorito.
–          ¡Como yo, tío, choca! – y le tendió la mano con energía
El niño chocó su pequeña mano con la de su ídolo.
Sentí cómo al niño se le iluminaba la cara, y al recoger su autógrafo y volver a su mesa era como si hubiera crecido varios palmos.
¡Qué gran ejemplo de empatía! – pensé. ¿Será consciente de lo que está haciendo?
Seguí observándole durante unos minutos más y comprobé cómo su actitud era la misma con todos sus fans. No así sus palabras, ya que a ninguno le decía lo mismo que al anterior. Y lejos de demostrar malestar por estas interrupciones de su velada, se despedía de cada uno de ellos con un cariñoso “¡Gracias!”
En los escasos minutos que duraba cada interacción lograba hacer que cada uno de sus seguidores se sintiera acogido, aceptado y reconocido. Les hacía sentirse únicos y especiales.
¡Qué gran lección, Dani! ¡Gracias!

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