¿Información o comunicación?

¿Información o comunicación?

Hace unos días tuve la gran oportunidad de visitar el Parlamento Europeo y la Comisión europea de Industria, Empresas y Emprendimiento en Bruselas, junto con un grupo de emprendedores y pequeños empresarios españoles e italianos pertenecientes al nuevo proyecto EuropeIN que promueve la innovación y la creación de nuevas formas de comunicación entre las instituciones europeas y los ciudadanos.

Efectivamente existe un problema de comunicación, aunque no tanto de información. Las instiuciones europeas, a través de sus páginas web , ofrecen información detallada de los programas en los que están trabajando y las medidas acordadas. La prensa, por su parte, también se encarga de difundir esta información aunque, normalmente, teñida de opinión. En cualquier caso, información. Es decir, transmisión de mensajes en una sola dirección.

No es de extrañar que los ciudadanos se sientan cada vez más alejados de lo que se “cuece” en Europa. Al fin y al cabo, ¿cuántos filtros tiene que pasar una decisión europea hasta que finalmente se transforma en algo tangible y que afecta directamente al ciudadano? Algunas normas parecen venir impuestas directamente desde Europa mientras que otras tan sólo son sugerencias que pueden aplicarse o no en cada uno de los países, comunidades o incluso municipios. ¿Qué está pasando? ¿Saben en Bruselas lo que realmente le preocupa al ciudadano español, por ejemplo? Gracias al proyecto EuropeIN tuvimos la oportunidad de trasladárselo a los propios eurodiputados de primera mano, sin intermediarios, en reuniones distendidas pero intensas, tanto en el Parlamento como en la Comisión.

Durante tres días, que me parecieron tres semanas (qué intensamente se vive cada minuto cuando lo que estás experimentando es nuevo y apasionante) pude observar muchas cosas interesantes. De ellas destacaría estas tres:

a) Es necesario mejorar el nivel de escucha.

En algunos momentos pude percibir cómo en realidad, en lugar de una auténtica conversación, se estaban produciendo dos diálogos completamente diferentes. Si no existe escucha no hay comunicación. Sin duda hubo un traslado de información de las distintas instituciones europeas al ciudadano y del ciudadano a las instituciones europeas pero, en algunos casos, sin conexión. Es un avance, aunque tanto instituciones como ciudadanos deberíamos reflexionar acerca de hasta qué punto estamos dispuestos a escuchar o de si se trata simplemente de soltar nuestro propio rollo por la satisfacción interna que nos produce.

b) Demasiado a menudo, los árboles no nos dejan ver el bosque.

Es curioso observar cómo en las instituciones europeas resulta bastante fácil llegar a acuerdos entre los diferentes partidos políticos de un mismo país mientras que dentro de ese país las luchas son encarnizadas. La diferencia está en la elección del objetivo. Desde Europa se lucha por lo que es bueno para el país en su conjunto mientras que dentro del mismo los intereses son otros. Muchas veces se trata tan sólo de llevarse la contraria entre unos y otros, de mantener una postura. Mientras, los ciudadanos lo sufren. Y lo mismo ocurre con éstos. ¿Quién no ha sentido una alegría inmensa al encontrarse con otro español fuera de las fronteras? Independientemente de su población de origen o de sus ideales se convierte, de repente, en nuestro mejor amigo. ¿Qué nos ocurre cuando nos limitamos a nuestro terruño? Los árboles no nos dejan ver el bosque.

c) La tercera conclusión que saqué de mis observaciones quizá sea una consecuencia de las dos anteriores. Se refiere a la velocidad en la toma de decisiones. Para que una decisión llegue a concretarse dentro de las instituciones europeas hacen falta una media de dos años de reuniones y negociaciones. Son temas complejos, pero en un mundo en constante cambio necesitamos decisiones ágiles. Quizás las instituciones políticas deberían fijarse en el mundo empresarial. Las estructuras pesadas y jerárquicas han dado paso a estructuras más ligeras y dinámicas en las que las tomas de decisiones puedan tomarse con rigor pero con la celeridad que requieren los cambios en el mercado.

Proyectos como @EuropeIN son un gran paso adelante en el acercamiento y la comunicación entre las instituciones europeas y los ciudadanos y como tal debe seguir evolucionando para crear un verdadero diálogo, promoviendo la agilidad, la escucha y la capacidad para, en ocasiones, dar un paso atrás y ver todo el horizonte.

Algo está cambiando en Europa, pero el verdadero cambio empieza por cada uno de nosotros.

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