Yes, you can!

Yes, you can!

No dejan de asombrarme los vídeos que circulan por internet acerca de conferencias en las que los llamados “coach” arengan a la multitud con frases como “tú puedes lograrlo”, “nada es imposible” o “tus sueños se harán realidad”, mientras los asistentes dan palmas, bailan o dan gritos como poseídos por una enorme fuerza interior que supuestamente les llevará mágicamente a lograr todos sus deseos. Y me sigue sorprendiendo que muchas de estas emotivas conferencias terminen con abrazos y llantos de felicidad, como en una especie de catarsis colectiva.

No tengo nada en contra de las personas que se ganan la vida ofreciendo estas conferencias y, mucho menos, en contra de los que asisten a ellas. Sin embargo, creo que debería aclararse que “eso” no es coaching.

Flota en el aire la idea de que la labor principal de un coach es la de motivar y son muchos los que en ese afán de ayudar a los demás se deshacen en frases de ánimo, subiendo a sus clientes en plataformas de humo que rápidamente se desvanecen.

A lo largo de un proceso de coaching, el cliente va adquiriendo un mayor conocimiento de sí mismo, encontrando nuevos puntos de vista, flexibilizando sus pensamientos, descubriendo nuevas posibilidades y emprendiendo nuevas acciones que, poco a poco, le van llevando hacia el logro de su objetivo. La evaluación de los resultados de cada una de estas acciones, realizada junto con el coach durante las sesiones, va fortaleciendo la confianza del cliente al descubrir éste las herramientas que ha utilizado satisfactoriamente y que puede aplicar en otras situaciones similares, es decir, aquellos comportamientos concretos que ha realizado para llevar a cabo esa acción con éxito. O incluso, si el resultado ha sido negativo, aquellas herramientas o comportamientos que no le han servido y por tanto debe modificar en el futuro.

El conocimiento específico de estos comportamientos hace que el cliente vaya fortaleciendo su autoconfianza. El éxito de manera controlada de las acciones emprendidas, así como el establecimiento de nuevas acciones que supongan un pequeño reto para el cliente pero que éste sienta que es capaz de llevarlas a cabo, influyen decisivamente en un aumento de su motivación. Es por esta vía, a través del fortalecimiento de la autoconfianza y no a través de frases teóricamente positivas, por la que el cliente aumenta su motivación a lo largo de su proceso de coaching.

Las frases “positivas”, pronunciadas en alguna ocasión por personajes públicos más o menos famosos, aunque en alguna ocasión puedan resultar ingeniosas y agradables de escuchar, también pueden llegar a provocar el efecto contrario al deseado. Si la persona que las escucha o lee no siente que dispone de las herramientas necesarias para enfrentarse a su propia situación personal e interpreta que si otras personas pudieron realizar hazañas extraordinarias, ella también debería poder hacerlo, puede aumentar en ella su inseguridad y su frustración.

La labor principal de un coach no es, por tanto, la de intentar motivar a través de frases positivas y arengas, sino la de provocar en sus clientes procesos de reflexión que mejoren su autoconocimiento, de manera que descubran sus propios recursos para alcanzar los objetivos propuestos, produciéndose en el camino un aumento sólido y sostenible de su autoconfianza y motivación.

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