¡Cómete un pero!

¡Cómete un pero!

Aún recuerdo cuando mi abuela me ofrecía un tipo de manzana bastante curioso, más alargada que gruesa, y me decía: ¡cómete un pero! Estaba dulce, jugoso, riquísimo. Sin embargo, a lo largo de la vida me he encontrado con otros peros mucho más amargos y que a menudo se atragantan. Son los de:

  • Me gustaría hacerlo… pero es muy difícil.
  • Sé que tengo que mejorar… pero no sé cómo hacerlo.
  • Lo he intentado muchas veces… pero no soy capaz.

¿Excusas? Todos estos peros son limitantes y reflejan la falta de confianza en las propias capacidades o habilidades. Son los peros que no nos dejan avanzar en nuestro camino, los que hacen que nos demos la vuelta con resignación. Mejor no intentarlo.

Confiar en que algo se puede conseguir es el primer paso para lograrlo. Por ello, tanto si eres entrenador como profesor, si tienes alguna persona a tu cargo, el mejor consejo que puedes darle es: ¡cómete un pero! O lo que es lo mismo: ¡confía en ti!

Puede que el consejo deba acompañarse de alguna ayuda por tu parte. Los peros son resistentes. Aquí te dejo algunas ideas que puedes poner en práctica.

¿Cómo puedes ayudarle a que fortalezca su autoconfianza?

  • Cree en su potencial y demuéstraselo.

Valora sus capacidades y haz que se dé cuenta de todas aquellas virtudes que posee. Ayúdale a que identifique todos sus recursos personales y descubra todas sus fortalezas. Estamos acostumbrados a fijarnos en lo negativo, en lo que nos falta, y a veces cuesta reconocer lo positivo. Regálale a menudo palabras sinceras de ánimo y de apoyo.

  • Ayúdale a pensar en experiencias pasadas de éxito.

¿Qué hizo para lograrlo? ¿Cómo lo consiguió? ¿Qué capacidades o habilidades puso en práctica? ¿Quién le ayudó? ¿De qué manera?

Hacerle reflexionar sobre estas cuestiones puede darle la seguridad que necesita para acometer un nuevo reto.

  • Estimula su imaginación.

En ocasiones el pero es como un telón tupido que no nos deja ver más allá. No podemos avanzar porque no vemos el camino. En estas ocasiones, estimular la imaginación puede ser un buen antídoto. Proponle algo como: Imagina que ya lo hubieras conseguido. ¿Cómo te sientes? ¿Cómo has llegado hasta ahí? ¿Qué le dirías a tu yo de ahora para animarle a continuar?

  • Muéstrale modelos a seguir.

Asegúrate de que sea alguien cercano a quien admire, de manera que las capacidades del modelo no se vean como algo inaccesible, lo que generaría nuevos peros. Los modelos de personajes famosos o de hazañas espectaculares, aunque puedan ser inspiradores, también pueden crear reticencia al verlos como realizados por personas excepcionales. Busca alguien similar, con las mismas cualidades o capacidades, alguien a quien pueda imitar en actitud, trabajo o en comportamientos concretos.

  • Refuerza cada pequeño paso.

Queremos llegar tan rápido a la meta que no nos paramos a disfrutar de cada etapa. Eso nos puede llegar a frustrar y podemos volver a caer en nuevos peros.

Enséñale a reconocer los pequeños éxitos, a valorar que un paso es el inicio del camino. Para poder lograrlo, tú también tendrás que hacer un esfuerzo. Al principio no será fácil y deberás tener paciencia para entender sus fallos, comprender sus dudas o su estado emocional. Valora sobre todo su actitud, aunque inicialmente los resultados no sean los esperados.

A cada paso, haz que se dé cuenta de cómo ha llegado hasta allí, de manera que pueda seguir repitiéndolo.

Poco a poco podremos conseguir que esos peros desaparezcan y sólo queden los jugosos, los que me ofrecía mi abuela. ¿Te animas a un nuevo reto? ¡Cómete un pero!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *