Disfrutar con el deporte

Disfrutar con el deporte

Marcos se levantaba temprano cada mañana para ir a entrenar. Después, un desayuno rápido y a clase. Lo cierto es que el colegio no le importaba mucho. Iba porque tenía que ir, pero en su cabeza sólo cabía el deporte. Quería ser profesional. Las clases de por la tarde solía saltárselas. Aprovechaba para ir al fisio o al gimnasio. Tenía que estar en forma para afrontar los entrenamientos del final de la tarde. Ya hacía dos años que no vivía con sus padres. Se había trasladado a una residencia junto a otros deportistas de alto rendimiento. Por la noche, después de la cena, apenas le quedaban fuerzas para ver algún vídeo en el móvil o comentar las últimas noticias deportivas con algún compañero. Vivía por y para el deporte. Cuando los resultados empezaron a no acompañarle, Marcos se vino abajo. Ya no soportaba la presión de los entrenamientos. Empezó a no disfrutar con su deporte. Todo lo que para él era importante hasta ese momento, de repente desapareció.

Como Marcos, cientos de chicos y chicas dedican cada día toda su energía al sueño de llegar a ser deportistas profesionales. Algunos lo logran, pero muchos se quedan por el camino.

Que el deporte requiere una enorme dosis de esfuerzo y trabajo es innegable. Y que para los deportistas la recompensa que reciben por él les resarce con creces, también.
Sin disfrutar del deporte y de los retos, parecería imposible que se pudieran realizar los grandes sacrificios que suponen los duros entrenamientos, así como las renuncias personales que los deportistas deben hacer.

A medida que el deporte se acerca más al alto rendimiento, esos costes a corto plazo van aumentando.

Muchos deportistas, siendo muy jóvenes, tienen que renunciar a vivir una infancia normal, saliendo de casa de sus padres para vivir en otras ciudades, alterando sus horarios, controlando sus comidas, renunciando a salir con sus amigos, desplazándose muchas veces largas distancias para entrenar, aparcando sus estudios porque sus compromisos deportivos no los hacen compatibles. Todo por el sueño de lograr sus objetivos deportivos, de llegar a lo más alto.

Parecen muchos sacrificios y, sin embargo, todos los deportistas tienen en común que verdaderamente disfrutan con su deporte.

Por tanto, no se trata tan sólo de lograr objetivos a medio o largo plazo sino que los beneficios inmediatos del disfrute de la práctica deportiva resultan fundamentales. De hecho, cuando los deportistas dejan de disfrutar entrenando y compitiendo, los sacrificios se vuelven insostenibles y muchos terminan abandonando su carrera deportiva o incluso sumidos en una grave depresión.

Pero, ¿qué les hace disfrutar de su deporte? Cuando los deportistas vinculan su satisfacción y disfrute únicamente a los resultados deportivos, este equilibrio entre trabajo y recompensa tiene más posibilidades de romperse. Los resultados no dependen exclusivamente del deportista y, por tanto, sus esfuerzos en ocasiones no son recompensados. Cuando, a pesar del trabajo realizado, los resultados no acompañan, los deportistas pueden tener sentimientos de indefensión, frustración y desánimo. Por ello, es importante que también aprendan a disfrutar de la simple práctica deportiva, de los retos respecto a sí mismos y de todos los aspectos que forman parte de su vida, no sólo como deportistas sino también como personas.

A pesar de que el deporte y su preparación física, técnica y táctica ocupan el centro su vida, no debemos olvidar la importancia de dedicar tiempo a entrenar aspectos psicológicos como una buena gestión emocional, la autoevaluación objetiva del rendimiento, o el adecuado establecimiento de objetivos. Así como tampoco se deben descuidar otros ámbitos de la vida del deportista como son las relaciones con su familia, los amigos, el tiempo de ocio o los estudios. Estos aspectos a menudo se dejan en un segundo o tercer plano y sin embargo resultan fundamentales como apoyo social en los momentos duros que, tarde o temprano, surgirán en la vida de cualquier deportista.

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