Cuidado con lo que deseas

Cuidado con lo que deseas

Todos tenemos algún modelo, alguien a quien admiramos, alguien a quien nos gustaría parecernos. Y esto es fantástico. El modelaje es una de las mejores formas de aprender.

Desde muy pequeños, los niños comienzan su aprendizaje siguiendo el modelo de sus padres o sus profesores, personas a las que admiran y copian.

Más adelante, los modelos van alejándose del entorno más cercano o familiar y pasan a ser actores, cantantes o deportistas famosos. Los jóvenes copian sus peinados, su forma de vestir y sus comportamientos.

Cuando nos hacemos adultos los modelos siguen estando presentes, aunque quizás con menor intensidad, y más enfocados al plano profesional.

Los modelos, por tanto, nos ayudan a crecer, a seguir mejorando día a día.

El riesgo del modelaje está en confundir la parte con el todo, tal como hizo el Rey Midas al desear que “todo” lo que tocara se convirtiera en oro.

Cuando elegimos un modelo debemos tener muy claro qué características concretas nos llaman la atención de esa persona y qué comportamientos específicos podemos observar en ese aspecto. Sólo de este modo podremos imitar dichos comportamientos, adaptándolos a nuestra propia forma de ser.

Nuestros modelos también son, por encima de todo, personas. Y como tales, tienen sus virtudes y sus defectos. Los medios de comunicación ya se encargan de recordárnoslo a diario con espectaculares titulares en uno y otro sentido. Ser un buen futbolista no implica ser una persona sensata, al igual que cantar bien no implica ser generoso, o tener una buen visión estratégica para los negocios no conlleva ser paciente ni, por supuesto, todo lo contrario. Lo mismo ocurre con nuestros modelos más cercanos. Nadie es perfecto.

¿Cuáles son las capacidades que quieres desarrollar? ¿Para qué? ¿Quién las tiene? ¿Qué cosas hace esa persona que te demuestran que posee esa capacidad? ¿Cómo lo hace?

Estas preguntas son fundamentales a la hora de elegir el modelo adecuado y que efectivamente nos ayude a progresar.

Para aquellos que ya tienen un modelo a seguir, resultar interesante reflexionar acerca de en qué aspectos concretos quieren parecerse a su modelo y en cuáles no. Es importante aprender a seleccionar y delimitar.

No idealices tus modelos hasta el punto en que hasta los comportamientos más abominables se conviertan en pequeños deslices sin importancia. No desees “ser” como alguien, aprende a desear la mejora de tus capacidades desarrollándolas a través uno o varios modelos relevantes para ti.

Y al igual que ocurre al marcarte cualquier otro tipo de objetivo, si el nivel de perfección de tu modelo en una determinada capacidad está muy alejado de tu propio nivel, mantenlo como referente pero búscate alguien más cercano a quien modelar. Un largo camino siempre es más fácil de recorrer si nos vamos marcando etapas intermedias.

Ya sabes, ten mucho cuidado con lo que deseas porque algún día lo puedes conseguir.

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