La decisión es mía

La decisión es mía

Hace tiempo tuve la gran oportunidad de asistir a una conferencia que ofreció Mourinho a los técnicos del CD Canillas acerca de cómo preparar un partido. El portugués, con una actitud cercana y generosa, ofreció a los entrenadores del Club su experiencia en este campo, explicando su habitual forma de hacer.

Más allá de los aspectos puramente futbolísticos, de esta charla pude extraer importantes conclusiones acerca del liderazgo y la toma de decisiones. Al final, preparar un partido se traduce en definir la alineación y la estrategia más adecuadas para afrontarlo, y en trasladarla a jugadas que puedan ser entrenadas.

Ante la proximidad de un partido, el primer trabajo que realiza Mourinho es, como él dice, “de él para él”. Antes de tomar cualquier decisión hay un trabajo previo de búsqueda de información y análisis de la misma. Al igual que un directivo ante un proceso de negociación o la presentación de una propuesta comercial, Mourinho analiza la “competencia” y saca sus propias conclusiones acerca de sus tendencias, de su manera habitual de comportamiento. Como él dice, las estadísticas “no cambian su pensamiento pero le ayudan a pensar”.

Efectivamente, las estadísticas sólo nos hablan de probabilidades, no nos aseguran que el rival vaya a comportarse de determinada manera, pero sí nos ayudan a prever las situaciones más probables y pensar en otras posibilidades que pudieran surgir.

A partir del estudio y análisis de dicha información, el técnico va tomando sus decisiones acerca de la estrategia a seguir e incluso de quiénes van a ser los encargados de ejecutarla.

Al igual que ocurre en el mundo empresarial, toda esa información que maneja el directivo o el líder para su toma de decisiones no tiene por qué ser compartida con sus subordinados. Un buen líder debe ser capaz de manejar distintos estilos de liderazgo en función de la situación, de la trascendencia o la urgencia de la decisión. Sería impensable que el entrenador reuniera a sus jugadores para, entre todos, decidir la alineación deportiva. Igualmente, una promoción interna dentro de la empresa o la asignación de proyectos no es algo que deba tratarse con un estilo consultivo o participativo. Alguien debe tomar la responsabilidad de la decisión y, en este caso, es el líder quien debe hacerlo. No necesita justificar su decisión, no tiene que explicar el por qué; simplemente debe tomarla y transmitirla a su equipo.

Pero sí hay una información que se debe proporcionar al jugador, asegura Mourinho. Los jugadores deben saber qué están entrenando y para qué.

Una vez tomada la decisión y transmitida al equipo, la implicación del mismo se consigue a través de ese “para qué”. No se trata tan sólo de ensayar jugadas previamente decididas por el técnico sino de que los jugadores aprendan a descubrir el motivo de su entrenamiento, qué se pretende con esa determinada jugada. Esta información es fundamental para los jugadores, asegura Mourinho. Les hace crecer deportivamente, ya que les ayuda a distinguir las diferentes situaciones que se pueden encontrar en la competición y a tomar las decisiones adecuadas en el terreno de juego.

En el ámbito de la empresa, muchos directivos se “olvidan” de transmitir esta información, limitándose a dictar el qué y el cómo. Los integrantes del equipo se convierten así en meros ejecutores. Y a pesar de que tanto en el deporte como en la empresa la profesionalidad está por encima de todo, el conocimiento del para qué supone una enorme fuente de motivación que, indudablemente, repercute en el rendimiento.

Después, cada líder tendrá que desarrollar y hacer valer sus habilidades para lidiar con otros aspectos derivados de la toma de decisiones. Al final, no podemos olvidarlo, trabajamos con profesionales, sí, pero por encima de todo, trabajamos con personas.

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