Dime lo que piensas...y te diré si eres feliz

Dime lo que piensas...y te diré si eres feliz

Hace algún tiempo leí que la receta “mágica” para ser feliz era “no pensar mucho”. El artículo hacía referencia a no dar vuelas y más vueltas sobre un mismo tema. Sin embargo, desde mi punto de vista, no se trata de “no pensar mucho” sino de “pensar bien”.

Normalmente, cuando damos vueltas a una misma situación que aún ni siquiera ha sucedido, solemos tener ya una idea preconcebida de cómo se desarrollará. Ponemos nuestra atención en aquellos aspectos negativos que reafirman nuestras propios pensamientos y esto nos lleva a actuar de manera que se cumplan las peores de nuestras predicciones. ¿Iba a suceder así o en realidad hemos provocado que así fuera?

¿Qué podría pasar si en lugar de aferrarnos a esa idea abriéramos un abanico de posibilidades? Posiblemente, cuantas más opciones hubiera, nuestra idea inicial iría perdiendo fuerza.

No somos adivinos sino artífices de nuestro propio destino. Tú eliges.

Y la primera elección es la de tu actitud. En toda situación, por difícil de creer que nos parezca, hay siempre algún aspecto positivo, un aprendizaje, una nueva oportunidad. La virtud está en darnos cuenta de ello y enfocar nuestra atención en ese aspecto. No es que el mundo se vaya a volver color de rosa sino que esta flexibilidad de pensamiento te permitirá afrontar las situaciones de manera mucho más creativa, sin añadir la angustia, el estrés o el sufrimiento del pensamiento negativo a una situación que ya percibimos como desagradable, dolorosa o simplemente aburrida.

Pruébalo. La próxima vez que te enfrentes a una situación que intuyes desagradable, conviértela en un nuevo reto o simplemente déjate llevar como un papel en blanco dispuesto a anotar al menos un aspecto positivo de la experiencia.

Otras veces nos preocupamos por cosas que ya nos han sucedido. La mayoría de las veces se trata de pequeñas cosas sin importancia. Aprender a poner cada hecho en una escala nos ayudará a ajustar nuestras emociones acerca del mismo. Relativizar y dar la importancia justa a cada situación nos permitirá no entrar en ese bucle de pensamientos negativos. Sea lo que sea, si lo piensas bien, no es tan grave.

Además, hay cosas sobre las que no tenemos capacidad de actuación. Si ya ha sucedido y no podemos hacer nada por remediarlo, ¿para qué preocuparnos? En lugar de dar vueltas en tu cabeza a la misma idea negativa, engordándola y enmarañándola cada vez más, acéptala y sigue pensando hasta encontrar un nuevo enfoque que cambie tu percepción de la situación.

Seguro que alguna vez has perdido algún objeto valioso para ti y seguro que tus pensamientos se han cebado en tu “mala suerte”. Pero probablemente ese objeto fue encontrado por alguien que en ese momento se alegró enormemente de su “buena suerte”. Ya ves, los hechos en sí no son positivos o negativos. Todo en la vida depende del color del cristal con que se mira o, en este caso, con el del que se piensa.

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