Coaching educativo: ¿Jóvenes robots? No, gracias.

Coaching educativo: ¿Jóvenes robots? No, gracias.

Consentir los caprichos de un niño dándole todo lo que nos pida puede resultar engañosamente cómodo a corto plazo, pero antes de que nos demos cuenta le convierte en un pequeño tirano, en una fuente inagotable de continuas exigencias y, lo que es más importante, le impide desarrollar una de las capacidades más necesarias para su futuro: la tolerancia a la frustración.

De igual manera, atender a todas las preguntas de nuestros hijos o alumnos ofreciéndoles rápidamente una respuesta, aunque pueda parecer práctico y eficaz, les impide a largo plazo desarrollar la capacidad de reflexionar y descubrir sus propias respuestas. Y no siempre podremos estar ahí para darles la solución.

Tanto padres como profesores, en nuestro deseo de ayudarles, tendemos a dar respuestas, respuestas basadas en nuestras propias experiencias, que no siempre coincidirán con las vivencias de nuestros hijos o alumnos. Pero si en lugar de ofrecerles respuestas contestamos a sus demandas con nuevas preguntas que les hagan reflexionar, les reflejamos la situación que están experimentando libre de juicios, les dejamos que descubran nuevos puntos de vista, les hacemos que perciban lo que sienten y piensan sobre la situación y cómo esos pensamientos y sentimientos influyen en su comportamiento, les ayudamos a que busquen diferentes soluciones y que las evalúen, a que anticipen posibles dificultades y a que finalmente pongan en práctica la opción elegida, les estaremos ayudando no sólo a resolver una situación puntual sino a potenciar su desarrollo personal.

Pronto aprenderán a hacerse sus propias preguntas, a reflexionar y a tomar decisiones. Serán más independientes y responsables, asumiendo las consecuencias de sus acciones. Si nos preguntan y les decimos lo que deben hacer, en el mejor de los casos lo harán. Pero si algo sale mal, la culpa será de quién les aconsejó. Sin embargo, si a través de las preguntas hacemos que tomen su propia decisión, asumirán la responsabilidad de su elección.

Hacer buenas preguntas es más difícil que ofrecer respuestas. Requiere tiempo y dedicación, pero es un esfuerzo que merece la pena. La educación es una labor de largo recorrido.

¿Queremos jóvenes robots, que tan sólo ejecuten nuestras indicaciones? ¿O queremos jóvenes que aprendan a pensar, a evaluar y a decidir?

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